junio 15, 2011

Cada día que pasa siento que me quedan menos energías para poder afrontar los problemas.
Como si tuviese algún tipo de veneno en mis venas, que me debilita constantemente.

Increiblemente estoy fallando en muchas cosas, mi sentido de perseverancia y seguridad se desvanece con el correr del tiempo.

Estoy volviendo a replantearme tantas cosas, viendo los cómos y los porqués, dudando constantemente.

Mi estado de seguridad acabó. La duda vuelve todo el tiempo, taladrándome la cabeza, insistentemente.

Tengo miedo a pedir ayuda, tengo miedo a ser ayudado, soy un idiota, todo está a punto de darse, y yo, hago que nada se concrete.
Me aislo, me entristezco y lloro desconsoladamente, buscando escapar al laberinto de una buena vez, pero todo parece indicar mi encierro permanente.

No encuentro las respuestas, las salidas, los consuelos, todo es gris y desesperante. Todo es lejano y frío.
Todo escapa a mi conocimiento, todo escapa de mis manos, de mi alcance, todo parece volar.

Nada parece hacer efecto ante tanta tempestad, todo es lo mismo, no hay resultados positivos, sólo lluvias de negativas y esperas, como si el destino se burlase de mi, posponiendo mis logros.

Como si estuviese cumpliendo algún tipo de condena, y debo esperar a que me liberen. Me siento encapsulado, me entristece verme encerrado mientras todos juegan y progresan allá afuera, me siento discapacitado.

Sigo lamentándome detrás de las rejas de la vida, llorando, buscando  un consuelo ante tanto encierro, ante tanto estatismo, ante la maldita rutina, que no deja de mirarme a los ojos, mientras me susurra al oído, que aquí me voy a quedar, el resto de mis días.

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