diciembre 12, 2010





Cada día se hace más evidente el abismo que hay entre nosotros.
Porque yo soy ese espejo en el que no querés verte, porque reflejo todo eso que no querés ni quisiste ser.
Un espejo frágil, similar a un lago en eterna calma, el cual cualquier movimiento altera su equilibrio.
Frágil como una mañana de invierno, repleta de dudas, y sin luz.
La brecha es cada día más enérgica, cada día más fría, una diaclasa rompiendose por gelifracción, día tras día en un interminable ciclo.
Un ciclo, que por momentos se ve, quizá, interrumpido por diversos factores, pero siempre estuvo allí, aunque muchas veces intenté ocultarlo de mi vista, apartarlo.
Sinceramente, me cuesta entender que a estas alturas siga existiendo esta diferencia, esta discriminación, este rechazo hacia mi, hacia tu propia obra de arte, hacia parte de vos, en definitiva.
Porque al rechazarme, estás rechazando parte de tu personalidad, parte de tu pensamiento, de tu alma.
Es largo el trayecto recorrido en tiempo, pero muy poco el avanzado hacia adelante.
Es evidente que sentimos un mutuo rechazo, se huele en el aire, no somos compatibles, y eso nos aleja aún más.
En estos momentos, me siento triste, me siento desesperado, necesito encontrarle una salida a este mal que me aqueja hace años, a este inconveniente silencioso y agudo, que viene succionando mis fluidos, mis pensamientos, mis cosmovisiones, mis antropovisiones, mis puntos de vista, mis ideologías.
Todo parece fluir hacia un mar deprovisto de sentimientos, hacia el vacío mismo, hacia la grandeza de los desconocido, hacia ese lugar que no se puede visitar.
A ese lugar inaccesible y virgen, hacia ese lugar gris y frio, a ese lugar, en el que aparentemente, he vivido toda mi vida.

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